Hay frases leídas por ahí que ya de por sí encierran todo un libro o, mejor, un mundo de libros (escritos o por escribir):
“ [Todos nosotros] Somos tiempo encarnado, al igual que nuestras sociedades [...]. En efecto, la transformación del tiempo bajo el paradigma de la tecnología de la información es uno de los cimientos de la nueva sociedad en la que hemos entrado.
El tiempo, en la naturaleza y la sociedad, parecía ser específico de un contexto determinado: el tiempoera (¿y es?) local. Sin embargo, en la estructura social que está surgiendo,la mente de moda es la que niega el tiempo y este nuevo régimen del tiempo se vincula con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación. “
Estos últimos días acabaron de pasar muchas y pequeñas cosas: - Volver a las clases de castellano. - Volver al Arca con sus monitoras, niños y niñas. - Renovar mi contrato laboral. - Comenzar a buscar un nuevo futuro profesional (toquemos madera). - Descubrir (¡gracias, destino!) a gente como Carlos y María. - Redescubrir a Carol. - Comprobar el cariño de gente en la distancia gracias a algo tan bonito (y sencillo) como escribir y enviar un correo. - Hablar con Vicent. - …
Y, precisamente, por todo ello estos días he necesitado echar mano de ideas que has leído o tenido hace tiempo y que te parecía haber olvidado pero que en realidad siempre estuvieron ahí, en la retaguardia, de forma que puedes recordarlas cuando más las necesitas.
Algunas de esas ideas siempre están en textos y el que sigue es uno de ellos: de él me gusta todo y, en especial, el título, por todo lo que encierra (‘Diamantes en la boca’)... Todavía me emociono al releerlo, como si fuera la primera vez. No hace falta acompañarlo aquí de explicaciones (que cada cual saque las suyas); sólo se me ocurre añadir que, en última instancia, siento que todos deberíamos actuar en base a qué nos gustaría ser en el último instante de nuestras vidas: si caricia o grito.
Diamantes en la boca (de Elvira Lindo)
" Hay personas que mejoran el mundo. Estoy convencida de que Frank McCourt fue una de ellas, no sólo por su conmovedora aportación literaria con 'Las cenizas de Ángela', sino por esas tres décadas de profesor de instituto en Nueva York en las que inoculó a sus alumnos el dulce veneno de la literatura. Frank McCourt fue siempre un escritor viejo porque decidió escribir una vez que se retiró de la enseñanza. Aquello que le impedía escribir (la docencia), solía decir él, fue lo que le hizo escritor. El recuerdo más emocionante que se le ha dedicado estos días ha sido la avalancha de testimonios de antiguos alumnos de la Stuyvesant High School. Ellos han contado en la prensa, en la radio, cómo cuando leyeron Las cenizas de Ángela en 1996 reconocieron muchas de las historias que el profesor McCourt les había contado en clase. Él les hablaba de su infancia miserable en Limerick, de su padre alcohólico, de una madre condenada a criar hijos que no podía alimentar; les hablaba de su hermano Malachy, al que quiso y protegió como sólo saben hacerlo algunos niños pobres con sus hermanos chicos; les confesaba que cuando el estómago le crujía de hambre deseaba estar preso, vivir encerrado en la cárcel donde había oído que se servían tres comidas al día. Para él la enseñanza de la literatura consistía en acercar al alumno su utilidad antigua: la narración de historias.
"Contando mi infancia, les decía, distinguí lo significativo de mi insignificante vida". Sus compañeros de claustro le aconsejaban no ser tan confesional con los alumnos. Y él contestaba: "Es que mi vida me salvó la vida". Yo puedo comprender la fascinación de esos estudiantes; leí y conocí al profesor McCourt cuando vino a España a presentar Las cenizas de Ángela. Le acompañamos a la Facultad de Filosofía y Letras, donde presentaba el libro. El anfiteatro estaba casi vacío. Sentí un poco de vergüenza al comprobar que los profesores no habían sabido transmitir a los alumnos de literatura que merecía la pena escuchar a aquel hombre o los alumnos habían despreciado la convocatoria. Después de la charla, la editorial nos invitó a un rudo mesonazo en el que la voz de McCourt, suave y discreta como él, se perdía entre el griterío, las viandas que sobrevolaban nuestras cabezas y el humazo ambiental. Habiéndose criado en la miseria, McCourt era un hombre de una gran elegancia personal. Practicaba la ironía, era un virtuoso convirtiendo la tragedia en humor del absurdo. Su último libro recogía su experiencia como profesor sin ahorrarse algún capítulo penoso, como ése en que contaba su primer día, cuando vio cómo un alumno tiraba un sándwich al suelo y él, tan cerca aún de los años del hambre, se agachó, no para tirarlo a la papelera sino para comérselo. La última visión que tengo de él es fugaz. Un día después del 11 de septiembre, paseando por aquel Nueva York poblado de fantasmas, lo vimos salir de Central Park, absorto en la tragedia que acababa de suceder. La muerte ha agrandado su figura, no como escritor sino como ser humano, se han desempolvado sus años de docencia gracias a un buen número de estudiantes agradecidos que quieren rendir tributo a aquel hombre que les cantaba viejas canciones irlandesas para que le perdieran el miedo a la poesía. Sabemos de la importancia que tuvo su trabajo como maestro gracias a que, un día, ya retirado, se decidió a escribir lo que tantas veces había narrado a jóvenes proclives a distraerse. Él descubrió a Shakespeare de adolescente, en la biblioteca de un hospital en el que estaba curándose una tremenda infección provocada por la falta de higiene. Dice que leyó unos versos en voz alta y que sintió que la boca se le llenaba de diamantes. No abandonó jamás la idea de que la educación, el respeto y el humor pueden rescatarnos de una desgracia que parece inevitable. Y esa idea que marcó definitivamente todos sus pasos se me ha venido a la cabeza muchas veces estos últimos días: he pensado en lo que puede significar encontrarse con un McCourt para niños que crecen sin saber lo que es ni la educación ni el respeto ni el humor que nada tiene que ver con la mofa cruel. Un McCourt puede aparecer en tu vida en la figura de un maestro, de un padre, una madre o un hermano mayor; un McCourt es alguien que te enseña a protegerte de la crueldad ajena y a no ejercerla, a arrepentirte cuando haces daño, a no escudarte en la barbarie del grupo. ¡Cuántos McCourts necesita nuestro sistema educativo! En el colegio y dentro de casa. Si miramos el pasado sin teñirlo de sepia todos podemos recordar ese momento en que ejercimos la crueldad, en que fuimos mezquinos. La adolescencia ofrece un catálogo de recuerdos vergonzosos.
Pero siempre hubo, al menos en mi caso, alguien que me enseñó a sentir dolor por el dolor ajeno o alegría por la alegría ajena. Cuántos McCourts nos hacen falta para guiar a tantas pandillas de salvajes a los que han abandonado a su suerte los padres o ese sistema educativo autocomplaciente que destina a los pobres a ser, además, brutos o brutales. Habrá que ponerle una vela a ese santo laico, San McCourt, pedirle que cambie la grosería que hoy ensucia tantas bocas por esas palabras que en la suya se convirtieron en diamantes. "
Pequeña-gran frase leída fugazmente una de estas mañanas y que desde entones me acompaña:
“Un ser humano tiene una raíz en virtud de su participación social, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro“(Simone Weil)
“Siento desprecio. Qué feo es sentir desprecio. Me pregunto si puede ser 'sano' vivir sintiendo desprecio.”
Desde hace ya tiempo (siendo honesto) siento cosas como esas por gente como la Policía Nacional... Hasta ahora nunca había experimentado ese sentimiento dirigido a todo un colectivo: además de injusto e irracional es, seguramente, una tontada monumental dirigir pensamientos como éste a todo un colectivo. Pero los sentimientos y las creencias a veces son tozudos y uno no puede evitar tenerlas (ni reconocerlas)....
Estos sentimientos (¿o es ya actitud?) están relacionados, ¡como no?!, con el tema de la inmigración y la ‘caza y captura’ (literlamente) que los agentes de este cuerpo (además de otros) están siguiendo en las calles de nuestras ciudades, por ejemplo Valencia: además de injusto e arbitrario es poco ético e ilegal (¿también anticonstitucional?) ver como de entre centenares y centenares de personas que caminan por una avenida, la patrulla de turno únicamente retiene (o detiene) a aquel o aquella con aspecto inmigrante y pobre (o trabajador). Es entonces cuando no puedes sino preguntarte en qué clase de sociedad y país estaremos viviendo... Si fuese verdad que acciones como ésta no son más que directrices que reciben la Policía Nacional, la local y/o la Guardia Civil, entonces deberemos empezar a reconocer que en cuerpos como estos (con sus componentes y mandos) apenas hay lugar para la inteligencia, el sentido crítico y/o la autonomía además del sentido común y la conciencia o ética personal (¿era George Orwell quien ya decía esto de la policía (colonial) y de ciertos miembros del ejército?)...
Como sociedad o colectivo cualquiera de nosotros podría estar manifestándose contra hechos y acciones como éstas, impropias de una sociedad de acogida y de un verdadero estado del bienestar además de democracia que aspira a la plenitud... ¿por qué no lo hacemos?;
Como individuos, ¿no deberíamos pedir explicaciones a la patrulla de turno cuando nos cruzamos con ellos por la calle? ¿aquellos que, en teoría, están para 'servirnos y protegernos'... pero que, en realidad, amedrantan y persiguen a personas como nosotros?...
Ya, para acabar, me viene a la memoria esa especie de lamento colectivo que vemos en los medios de comunicación (masivos) cada vez que algún o varios agentes son asesinado en actos terroristas, siempre ensalzando sus figuras... Aunque sea políticamente incorrecto o impertinente decirlo aquí: ¿cómo podemos olvidar que esos precisos agentes asesinados son, también, los que persiguen a las personas inmigrantes para que sean deportadas a su continente de origen, donde la esperanza de vida es 10-20-30 o 40 años menor que en España o las condiciones de vida y perspectivas de futuro mucho más inciertas que aquí?
PD-1: Sobre el título del 'post': la academia nacional de policía, donde se forman todos ellos, se encuentra en Ávila... Hace ya tiempo, mucho antes de saber que tiene su sede allí y, tras visitar la ciudad, recuerdo que pensé qué poco me gustaría vivir en un lugar como aquel por donde, decididamente, el tiempo (¿y las ideas?) parecían no pasar...
PD-2: El 'gran' Ángel Ácebes, ex-Ministro del Interior de nuestro país (cuanto nos 'ponía' ese peinado suyo tan perfecto con raya a la derecha...) fue alcalde de Ávila en loor de multitudes... aunque, ya se sabe, la ciudad que esté libre de culpa que tire la primera piedra...
Hay pequeñas y breves experiencias que te permiten conocerte un poco más o, mejor dicho, volver a poner de manifiesto (recordándote lo que olvidaste) qué y cómo eres. En mi caso una de ellas es la búsqueda de compañeros/as de piso. Aunque para nada es una experiencia nueva (es una contante en mí desde mi primer año de universidad), parezco no acostumbrarme a ella. El hecho en sí mismo de convivir con personas que van y vienen en el el tiempo acaba conviertiéndose en un motivo de inestabilidad y en un recuerdo permanente de la 'indefinición que te define'.
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Menos mal que, en paralelo con esto: 1) (Re)descubres qué cosas te importan (la familia, la integridad, ...) y cuales te definen (no siempre las que te importan) y, de entre ellas, cuales merece la pena preservar; y 2) Lees cosas que escriben (y piensan) gente como Chema Caballero (aquí su blog): tan personales pero, a la vez, con los pies taaan en la Tierra (en mayúsculas).
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PD: Aunque no sea representativa del post, musiquilla para la ocasión, escuchada por ahí: 'Candy', de Paolo Nutini.
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PD-2: Frasecilla leída por ahí, de nuevo, con nada que ver con el post, pero de las que 'molan':
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"Los verdaderos artistas son aquellos cuyo cuerpo y vida son su primera obra"
Ayer estuve en un concierto de música contemporánea o (no sé si definirla como) 'experimental'.
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Todo un lujazo (además gratis... "(Más) Ocio sin consumo", ¡¡¡YA!!!). Y, lujazo doble porque me encontraba en el estado (¿mental?, ¿emocional?,... ¿hormonal?) idóneo para poder disfrutarlo (que no es lo mismo que comprenderlo).
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Al acabar me acerqué a saludar al compositor (también estaban los intérpretes y aunque seguramente tocaron formidablemente, la verdad es que no llamaron mi atención). Como me imaginaba y manda el cánon, era del tipo artista-prodigioso-pero-tímido-recalcitrante. Imposible entablar una conversación. Diosssss, ¡qué pena! Si se llega a prestar, hasta le invito a cenar (no exagero). Además, sus ojos: pequeños, tan pequeños, pero taaaaan expresivos (del tipo elefante que te mira a escasos centímetros) a la vez que escondidos bajo una barba y pelos frondosos (¿porqué en algunos artistas tienes la certidumbre de que su aspecto desaliñado no es una pose ni una especie de uniforme ni tarjeta de presentación?).
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El caso es que éste hombre (César Camarero), las cosas que dijo (no en mi intento -fallido- de conversación sino en la presentación del acto) y la forma en que las dijo resultaron enormemente, ENORMEMENTE, llamativas y estimulantes.
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Muchas ideas no son suyas, pero sí la selección de todas ellas y cómo las relacionó con la música que íbamos a escuchar, con el acto en sí de escuchar una música a la que no estamos acostumbrados y con qué clase de 'relación' una persona de a pié puede entablar con el arte 'actual'. Imposible resumirlas aquí, pero no me quedo con las ganas de reproducir algunas frases:
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"Hablar de música es como pescar de arquitectura" (Frank Zappa).
[Esta 'perlita' me la guardo para todos los arquitectos encantados de conocerse... (no todos son así, claro)]
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"Si yo le explico lo que quiere decir este cuadro, usted podrá entender la explicación pero no el cuadro" (Pablo Picasso).
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En fin, todo esto para decir que resultó una noche redonda.
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PD: Una vez más, me volví a preguntar (y extrañar): ¿por qué tantas veces las personas más 'valiosas' son las de actitud más natural y sencilla y aquellas más vacías las de mayor pose y peor 'estar'? Parafraseando (tergivesadamente) a esa gran e incomprendida mujer, Isabel Preysler: "Si es que la naturalidad (también la hospitalidad) es de oro".
Estuve unos días en Perú. Ya veremos si cuento algo aquí (de momento, seguramente, no). De todas formas, me quedo con unas palabras que 'sintonizan' bien con 1) mi estado de ánimo y 2) percepción sobre el viaje ahora, a la vuelta:
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Que se hable de los dioses
por los siglos de los siglos,
pero del cuerpo y de las cosas del cuerpo
acordémonos todos los días
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[Leído en "Cosas del Cuerpo", de (el poeta peruano) José Watanabe]
. PD: Paco, si me lees, de nuevo GRACIAS a tí y a Mati por vuestra hospitalidad y simpatía.
Una vez más, en los últimos días, volví a descubrir(me) pensando que las actitudes más valiosas y las ideas más estimulantes que encuentro a mi alrededor proceden de mujeres... de todas las edades. Para ellas:
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"Sólo quien no fue mujer ni trabajador puede pensar que el ayer fue mejor"
Estuve unos días en Córdoba ('La Bella'). Allí, entre otras cosas, aproveché para pasarme por tantos actos como pude del (festival de poesía) Cosmopoética, 6ª edición, en sus últimas (e irregulares) jornadas. Algunas cosas que entonces oí y ví dentro y fuera del festival me llevan a recordar formidables 'frases-idea' como ésta (frases que quisiera poder grabar en mi frente y no olvidar ni un sólo minuto de mi vida):
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'A country is not just what it does, it is also what it tolerates...'
[Un 'país' no es sólo lo que hace, es también lo que tolera...]
(Kurt Tucholsky, Berlín 1890 - Gotemburgo 1935)
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¿Sólo los países?
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Banda sonora del post: 'Best in dreams' de Josh Reichmann (Canada), aquí.
Esta noche estuve cenando con la gente del Arca. No sé por qué motivo pero no he sentido la necesidad de escribir nunca aquí sobre ellos y su trabajo (sí lo hice sobre otro voluntariado anterior, también con chavales y chavalas). El caso es que siempre vuelvo relajado de estos encuentros (y no, no es por el alcohol) y hallo, al llegar a casa, la tranquilidad necesaria para leer unas lineas de aquello que requiere (mucho más que) atención: ¿(algunos) poemas?. Vuelco esta vez (haciendo una excepción) los versos de esta noche:
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Tú fluyes en mis venas, respiras en mis labios, te siento en mi dolor; bien vivo estás en mí, vives en mi amor mismo, aunque a veces pesa la luz, la soledad.
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PD: Y aunque no tengan nada que ver con lo anterior, unas palabras de (el escritor británico) John Berger que me llamaron la atención:
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"(...) Hay mucha gente en el norte privilegiado que se siente desesperanzada;
sus condiciones de vida les han aislado;
cada día saben menos sobre lo que deben compartir;
han sido apartadas del disfrute de la naturaleza, (...);
tambíen les han convencido de que el pasado no existe.
Eso les ha quitado la esperanza.
Saque usted sus propias conclusiones sobre qué habría que hacer para recuperar las esperanzas pérdidas".
. Visitando el Museo del Holocausto de Jerusalem (enorme, toda una colina, exhaustivo, implacable, lleno de placas conmemorativas y agradecimientos a donantes) uno no puede evitar preguntarse cúal puede (o debe) ser la respuesta del visitante al oir hablar del Holocausto, la Solución Final, su grado de planificación y consecuencias, etc, etc, sabiendo lo que pasa, impulsa y ejecuta el gobierno y la nación de Israel a pocos kilómetros de allí. (Honestamente, no creo que este párrafo caiga en la demagogia).
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. El edificio del Museo del Holocausto no es grande pero proporciona tal cantidad de información que: - En 3-4 horas solo recorrí la mitad. - Con la Cámara de los Nombres (una de las salas del museo) y la cuarta o quinta parte de los paneles, fotografías, documentos e información hubiese bastado para transmitir el mensaje (y conmover). - Sales deprimido. - Más todavía si entre los visitantes hay grupo y grupos y más grupos de jóvenes soldados visitando el múseo como tú. (No iban armados pero sí uniformados). .
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Sobre Jerusalem: - No sabría explicar por qué pero de allí me fuí pensando en qué bien le vendría a esta ciudad (y a sus gentes) olvidar por unos días que son Jerusalem. De alguna forma ello está tan presente en todos ellos que, visto desde fuera, más me pareció una losa que una distinción. ¿Será así? - La atmósfera me pareció extraña si no te acompaña la religiosidad o espiritualidad que inunda sus calles y a muchos de los visitantes (nunca antes estuve en un lugar donde es mayoría el turismo religioso o de peregrinación).
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. Antes de acabar, (casi) lo mejor: yo, que noto crecer en mí la crítica hacia Europa y los que la representan (gobiernos o ciudadanos, políticos o turistas) cuanto más viajo fuera de ella, he de reconocer que este viaje a Israel me ha convencido de una vez por todas de la 'isla' que es Europa: a pesar de todos sus defectos, ¡qué afortunados somos por vivir en democracias (imperfectas, pero democracias al fin y al cabo) y con libertades legalmente reconocidas (individuales aunque no universales (por ejemplo, con respecto a los inmigrantes de según que zonas del planeta (*)), pero libertades al fin y al cabo). Y esto me lleva a recordar unas palabras de (el poeta cubano) Reinaldo Arenas y cuál debería ser la actitud pública de cada uno hacia aquello que le permite precisamente tener una actitud pública:
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Por último y para no olvidar poner cara y voz a los ataques, la violencia y sus víctimas (es sólo una muestra): 3 minutos y en inglés pero merecen la pena: la historia del Dr. Izzeldin Abuelaish y sus 3 hijas aquí: 'Why did they do this?'
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PD(*): Pregunta: ¿Es (menos) democracia aquella que niega parte de losderechos fundamentales a parte de los que la habitan? ¿Israel, España, otros?
. Una página de bienvenida-web diferente, original y cachonda donde las halla. Pincha aquí: cosas de Pure Basure, de los editores Jorge Parras y Félix Díaz. (Todavía estoy intentando que me deje pasar...)
(Londres, 01/04/2009, durante la reunión del G-20; Fotografió Dylan Martínez para Reuters)
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"... Don't search for the answers, which could not be given to you now, because you would not be able to live them. And the point is, to live everything. Live the questions now. Perhaps then, someday far in the future, you will gradually, without even noticing it, live your way into the answer."
De vez en cuendo empiezo a escribir 'posts' que acabo por no publicar. Sin embargo éste es uno de los que sí que voy a terminar.
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(Moscú, 19/01/2009)
. Hace unos meses asesinarion en Rusia a un periodista y abogado. A la vez que pienso en ello, repaso algunos posts antiguos, publicados o no, y me doy cuenta de la cantidad de ellos que dedico directa e indirectamente EEUU y del efecto sombra que este país ejerce sobre lo que pueda estar ocurriendo en muchas otras partes del mundo. Me resulta paradójico que precisamente yo, que tan incómodo me siento con el 'deslubramiento' (¿o entontecimiento?) que USA es capaz de ejercer en nosotros ('nosotros' aquí serían nuestra sociedad, nuestra clase política, nuestros medios de comunicación y periodistas, nuestros pro-hombres y mujeres, en suma, las 'élites' de nuestros países), caiga en el mismo error y escriba (y hable) mucho más sobre USA que sobre otros países.
Pensando en todo esto, recupero ahora la noticia del asesinato de este hombre en Moscú. No sabría precisar por qué pero suelo leer todas las noticias procedentes de Rusia que me pasan por las manos. Diria que la culpa la tiene un libro de (el economista) Joseph Stiegletz, del cual apenas entendí la mitad de la mitad pero que, afortunadamente, me sirvió para tener una visión (algo) menos simplona de la realidad (económica) internacional y, en algunos casos, local. (Por cierto, ¿puede un libro sobre economía hablarte casi tanto o más sobre la sociedad y atmósferas actuales de un país?).
Buscando más información sobre el hombre asesinado descubro que también esta vez se trataba de alguien aparentemente integro y riguroso, con una trayectoria marcada por la denuncia de las violaciones de los derechos humanos, JUSTAMENTE CRÍTICO con el 'poder' y, cómo no, amenazado por éste. En el momento de su asesinato estaba acompañado de una periodista (también tiroteada y muerta).
No me sorprendió descubrir la poca atención que la prensa internacional dedicó a la noticia cuando se produjo (después se han publicado algunos artículos más), más allá de algunas notas de agencia (siempre escuetas, frías y asépticas) y los comunicados de algunas organizaciones no gubernamentales (por ejemplo, Amnistía). Poco más.
Lo que de verdad me produjo sorpresa fue descubrir que el nombre y apellido de la persona (es decir, lo más importante de la información, SU IDENTIDAD, junto con la contextualización del hecho dentro de la situación general del país) no eran los mismos en todas los periódicos (al menos en la prensa en español y algún diario en inglés). Podría deberse a la traducción pero ¿de verdad podemos no pensar mal?
Descubrir ese desinterés me llevó a preguntarme: Uno) ¿qué clase de periodista (y periodismo) es aquel que no es capaz de informar bien sobre el asesinato de alguien (periodista o no) cuyo trabajo (y vida) trataba de conseguir un mundo más justo donde vivir?; Dos) ¿Cuántos más casos como estos habrá que no llegan a publicarse y/o ni tan siquiera conocerse?; y Tres) ¿Qué puedes esperar de un país donde "ocurren" cosas como éstas?
Se llamaba Stanislav Markelov, tenía 34 años.
Se llamaba Anastasia Baburova, tenía 25 años.
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PD-1: En la Red hay publicados listados de periodistas asesinados o desaparecidos en Rusia. PD-2: Este asesinato tiene ramificaciones con las guerra en Chechenia, el asesinato de Anna Politovskaja y el gobierno y el ejército rusos.
"" You said: 'I'll go to another country, go to another shore, find another city better than this one. Whatever I try to do is fated to turn out wrong and my heart lies buried like something dead. How long can I let my mind moulder in this place? Wherever I turn, wherever I look, I see the black ruins of my life, here, where I've spent so many years, wasted them, destroyed them totally.'
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[But] You won't find a new country, won't find another shore. 'This 'city'' will always pursue you.
. You'll walk the same streets, grow old in the same neighborhoods, turn gray in these same houses. You'll always end up in this 'city'. Don't hope for things elsewhere: there's no ship for you, there's no road.
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Now that you've wasted your life here, in this small corner, you've destroyed it everywhere in the world. ""
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[ Dijiste:«Iré a otra tierra, hacia otro mar y una ciudad mejor con certeza hallaré. Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado, y muere mi corazón lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez. Donde vuelvo mis ojos sólo veo las oscuras ruinas de mi vida y los muchos años que aquí pasé o destruí».
No hallarás otra tierra ni otra mar. La ciudad irá en ti siempre.
Volverás a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez; en la misma casa encanecerás. Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques -no hay-, ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste la has destruido en toda la tierra. ]
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(Konstantin Kavafis, 1863-1933, 'The City')
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(Tel Aviv, desde el aire)
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PD: Una vez más, allí volví a pensar que sólo me importan la personas... a las que importan las personas y, de entre estas, aquellas que tienen claro, léase que 'creen y actúan' sabiendo que su propio bien no es sólo el suyo.
PD-2: Ya de vuelta en casa, leído por ahí: (si es que los 'clásicos' lo son por algo...):
"(Ever tried. Ever failed.) No matter. Try Again. Fail again. Fail better". [(...) Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor](Samuel Beckett, 1906-1989)
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("Had Gadia", al parecer una canción tradicional aramea de la que existen infinidad de versiones en múltiples culturas, épocas y partes del mundo; Ésta la interpreta Hava Albrstein, en hebreo...)
. Para mí ha sido imposible visitar Israel sin llevar expectativas previas. Antes de salir llegué a pensar 'qué bien, me voy sin ninguna idea preestablecida sobre lo que voy a encontarme... "; en otras palabras, "vete y ya verás". Pero no, me engañaba.
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En Jerusalén produce extrañeza (¿o es pura y dura incomodidad?) el contraste entre tantos y tantos soldados (hombres y mujeres, jóvenes, bronceados, armados, bromeando (¿están de servicio o de permiso?)) y la tranquilidad (o indiferencia) de los turistas que la recorren.
En Tel Aviv produce extrañeza la riqueza, expresada en forma de rascacielos, estaciones de tren, autopistas, todos ellos perfectos, funcionales, modernos y ¿sobredimensionados? para la cantidad de gente que los usa(ba) y el contraste de todo esto con las condiciones de vida (¿o sería mejor decir "de muerte"?) que imaginamos (no las llegamos a ver) a pocos kilómetros de allí. ((Breve descripción de la ciudad que puede encontrarse en páginas turísticas disponibles en Internet: "Tel Aviv is Israel's coastal city and economic hub. With miles of beaches and a lively centre, it is home to hedonistic nightlife and a chic international scene".))
Impacta ojear un mapa turístico de Israel-Palestina y descubrir un trazo grueso, oscuro y discontínuo que lo atraviesa, separado pocos kilómetros (a escala) de las ciudades o lugares que planeas visitar.
Más sobre los soldados con los que te cruzas por la calle (de, por ejemplo, Jerusalém), en el tren, en el autobús, en los museos, en las zonas de copas, en las ciudadelas, etc...: algunos son muy jóvenes (¿18?), parecería que van de excursión; ...por su aspecto y por la forma de cargar sus fusiles y metralletas estas parecen en realidad juguetes... Me dicen que en muchos casos no están cargadas si se trata de jóvenes que están realizando el servicio militar en destinos no conflictivos... pero, entonces, ¿qué sentido tiene que algunos de ellos estén obligado a llevarla siempre consigo, incluso cuando está fuera del cuartel y no va vestido de militar?
Viéndoles, recuerdo la noticia de hace algunos años de un sobrino de un primer ministro de Israel que se negó a realizar el servicio militar (encuentro informaciones contradictorias sobre si dura 1 o 3 años)... Me pregunto si habrá muchos casos así (no hay que olvidar qué clase de acciones lleva a cabo el ejército de Israel: en Palestina, en Líbano) y cuál habría sido mi actitud si hubiese estado o estara en una situación y en un país como aquellos: al recibir la citación, ¿acudiría a filas? ¿aún cuando los 12-36 meses consistieran un pura formación, no me desplazaran al frente y no apuntara con un arma a nadie?
Recuerdo también ahora las palabras de un escritor judio israelí, David Grossman, que leí poco antes de partir (es una generalización, pero al menos (nos) sirve para empezar a pensar(nos)): "Los israelitas somos ya sólo una armadura sin ninguna persona dentro".
Estuve unos días en Israel. De todo lo que leí me quedo (de momento), y vuelco aquí, estas palabras de Amira Hass por TODO lo que encierran (darían para escribir posts y más posts): sin llegar a hacer referencia explícita a TODO lo que ocurre (taaaan grave y taaaan evidente) en Israel-Palestina (SÍ lo hace en muchos otros de sus artículos, escritos y entrevistas), siento que esa descripción es perfectamente generalizable a muchas otras situaciones en muchos otros lugares:
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"La minoría de los que se causan daño a sí mismos, como la mayoría de quienes no lo hacen, son víctimas de una violencia que el Primer Mundo pasa a menudo por alto, a no ser que sus repercusiones les golpeen en la cara en forma de protesta política organiada, secuestro, robo o acto de terror.Es la violencia de la abundancia. Si no se hallase en las manos de unos pocos, la abundancia no sería tal, sería lo normal, y nadie le prestaría atención. Pero, para los desposeídos, la abundancia (física y espiritual), la abundancia de comida, espacio, sensaciones estéticas, instalaciones sanitarias, instituciones culturales y educativas, posibilidades de empleo, libertad de movimiento, ocio, etc) encarna todas las formas históricas de posible discriminación y explotación: la división desigual del trabajo y los beneficios entre Primer y Tercer Mundo, entre Norte y Sur, entre naciones o grupos étnicos, entre clases, entre gobernantes y gobernados...La abundancia traza una línea entre quienes 'valen' y quienes 'no valen'.
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En cuanto a los desposeídos, la abundancia representa cualquier posible violación de los derechos humanos según lo estipula el derecho internacional, que no puede hacerse respetar, pues se carece de fuerza para ello. Ante todo y, sobre todo, encarna la violación del principio básico de igualdad entre las personas."
. . Hoy fue un día del montón pero es curioso volver a descubrir cómo en apenas unos minutos, hacer algo tan sencillo como LEER (ALG)UNAS LÍNEAS puede hacer que lo acabes con una sonrisa (de las buenas). Pues eso, que me voy a la cama con banda sonora (incorporada): 'Ain't got no home', Clarence Frogman Henry, 1957.... ¡Que dure!. . PD:
Hubiese preferido '1er Blog, Birres i Vi' pero, bueno, iremos.
Me da una pereza tremenda explicar qué relación puede haber entre el título de este pseudo-post y la música que le acompaña. ¿Será porque últimamente estoy, Almodóvar dixit, como 'vaca sin cencerro'?... De todas formas lo cuelgo igualmente para que al menos me sirva para recordar, transcurrido el tiempo, algunas de las conclusiones (y sensaciones) a las que llegué estos días (de pre-Fallas).