NEW ORLEANS (IV): SABER MIRAR (A TRAVÉS DE LAS PERSONAS)
Uno de los puntos débiles de la experiencia del campo de trabajo de este año en New Orleans ha sido el escaso contacto con la población local. Me he dado cuenta de que no me motiva (ni me gratifica especialmente) realizar un trabajo físico, tangible o de construcción y reconstrucción si es que no va acompañado de una fuerte componente humana, bien por convivencia (intensa) con otros voluntarios, bien por el contacto (continuado) con las gentes del lugar. En este caso, este año, apenas hubo de esto. Todavía me estoy preguntando por qué... De momento, y pese a todo, destacaría la sobremesa que pocos días antes de partir, hicimos con Laura. El ambiente ya estaba enrarecido (al menos, así lo percibía yo) pero, ¿por qué?... Aunque apenas pude conocerla, me gustó ella y me gustó su actitud: unos 60 años, habladora, toda amabilidad y curiosidad y dispuesta a empezar un voluntariado de larga duración en el mismo barrio (deprimido) qué nosotros abandonaríamos pocos días después. Lo cierto es que, tras despedirnos, el comentario de algunos (sobre ella) fue del tipo "esta mujer no está bien de la cabeza..." Y entonces, recuerdo ahora, pensé que quizás era así, quien sabe, pero que 1º) eso no resta valor a los actos de solidaridad de las personas (ni a su bondad); y 2º) aunque así fuera (y yo no lo creo), a veces son los menos cuerdos los que con mayor lucidez analizan el mundo en el que vivimos y, por extensión, pueden actuar con mayor coherencia, ¿no? (recuerdo ahora un caso extremo de esto que escribo: Leopoldo María Panero).
En suma: Laura, me hubiera gustado hablar más contigo pero la mañana siguiente, ya lo sabemos, la realidad en mayúsculas (el huracán) irrumpió en nuestras pequeñas realidades (el campo de trabajo, el color de las paredes, las pistolas de clavos y las mazas de derribo).
PD: Este post también va dedicado a tí, SERGIO... ya te explicaré el por qué, Maestro.
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