2008/10/07

NEW ORLEANS (VIII): INERCIA, APATÍA Y CANSANCIO

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Este fin de semana estuve de evaluación (de los campos de trabajo) con la gente de SCI-Catalunya. Hasta ahora no había puesto palabras a algunas de las cosas que en Nueva Orleans ví, sentí o pensé. (A veces me pregunto si la lectura que hago de los campos de trabajo son imaginaciones mías... y sin embargo, estoy tan seguro de que no estoy equivocado...). El caso es que esta vez encontré las palabras que mejor definen cómo (siento y sentí que) debe ser la vida en aquel vecindario (pobre y deprimido) en un artículo aparecido en prensa hace ya 2 años, 1 después del huracán Katrina.

Antes, algunos datos que dan idea de la magnitud del desastre y del desastre (o desidia) de la reconstrucción:

- 80% de Nueva Orleans (NOLA, escriben allá) inundado (con las aguas del (desbordado) lago Pontchartrain).
- 800-1500 personas muertas (por aclarar el número real y la causa de la muerte: ahogamiento, traumatismo, violencia, etc).


Tres años después:

- La población es hoy un 72% de la población anterior al Katrina.
- 70.000 viviendas deshabitadas y/o en ruinas (desde fuera sólo distingues estas últimas).
- En algunos barrios sólo el 11% de las familias han vuelto.
- 12.000 personas (según estimaciones) sin hogar (propio).
- Sólo funcionan 5 hospitales de los 9 que había.
- Sólo 79 escuelas de las 128 públicas.
- Sólo 76 autobuses (o líneas, no queda claro en la web) de los 398 pre-Katrina.

Aún tomando estas cifras como aproximadas, y sin minusvalorar lo que el Katrina hizo y supuso para los habitantes de la ciudad y el estado, queda claro que el huracán no lo explica todo y seguramente haya que echar mano de causas históricas y estructurales.

Sobre la parte lúdica del viaje no merece la pena explicar nada porque la Red está llena de información sobre la (formidable) música que allí se puede oir, sobre las mezclas (tan originales) que se dan, sobre la singularidad de Nueva Orleans (con respecto al resto de ciudades de EEUU), sobre su liberalismo en las costumbres, sobre su pasado (racista y esclavista), sobre sus parques naturales, etc etc etc.)

Aviso: las palabras no son mías, la selección sí.

Los pueblos y ciudades del cinturón negro del delta del Misisipi, desde Luisiana hasta Georgia, ofrecen el rostro más descarnado de la sociedad estadounidense. La tierra donde nacieron Faulkner, Muddy Waters, B. B. King y el ‘blues’ es hoy un lugar sin esperanza, castigado por huracanes y pobreza.

¿Qué define [estos lugares]? (...) Inercia, (...) Sí. Ésta es una comunidad deprimida. Apática. Cansada. Sin motivación, o con muy poca. (...). La gente que tiene ganas de hacer cosas se va. los que se quedan… Sí, la palabra es inercia.

Y este concepto de inercia (...) es precisamente todo lo contrario del que representa a Estados Unidos. El Sueño Americano, la idea que ha atraído a personas de todos los rincones del planeta, está construido en torno a la premisa de que es posible alcanzar la felicidad (¿?) a través del trabajo duro y honrado. Lo que define a este país, lo que le distingue del resto del mundo, es la energía y el optimismo –el empuje– de su gente; cualidades que, cuando no están atemperadas por cierta prudencia (por cierta dosis de esa irónica percepción de las limitaciones humanas que poseen otras nacionalidades), pueden empujar a catástrofes como Irak y Vietnam.

No es el caso de los pobres que viven en el delta del Misisipi. De los habitantes de lo que se denomina el Cinturón Negro de Estados Unidos, una serie de pueblos rurales y pobres en un arco que se extiende desde Luisiana (cuya pobreza quedó al descubierto el año pasado en Nueva Orleans con el huracán Katrina) hacia el este, pasando por Misisipi y Arkansas hasta Georgia.

[En algunos lugares] el 84% de la población adulta de la ciudad no tiene trabajo. Los jóvenes dedican gran parte de su tiempo a consumir drogas; las jóvenes, desde los 14 o 15 años, cuidan de sus hijos, o se pierden también en las drogas y dejan a los bebés al cuidado de las abuelas. “No es infrecuente que una chica de 22 años tenga ya cinco hijos”, (...). “Empiezan a tenerlos a los 14 o los 15. Veo después de las vacaciones de verano a esas adolescentes que me cuentan, llenas de orgullo, que están embarazadas. Para ellas es una señal de distinción. ¡Han hecho algo con su vida!”.

(...) Pueden verse (...) chasis de coches oxidados y sin ruedas y viejos frigoríficos dejados delante de las casas, junto a colchones llenos de manchas y sofás podridos, golpeados por el sol y la lluvia; casas abandonadas, las ventanas tapadas con tablas de madera claveteadas; edificios derruidos, que parecen haber sido alcanzados por una bomba pero son en realidad ruinas olvidadas. Los porches de madera dan la impresión de estar medio hundidos, y todas las casas, incluso las que no parecen estar en inminente peligro de derrumbarse, están pidiendo una nueva mano de pintura. El hospital local está desprovisto de ventanas; en otro tiempo orgullo de la comunidad, hoy también amenaza ruina. En cuanto a las calles, aparte de algún que otro ciclista y algún que otro borracho que merodea en la sombra, están más bien vacías. En comparación con el otro Estados Unidos –ese país limpio, luminoso y próspero que vemos en televisión–, se podría decir que ésta es una ciudad fantasma. Hay más vida, más dinamismo, más orden, en los campos de algodón impecablemente arados y recortados (...).

Los jóvenes, por su parte, tampoco tienen más cosas a las que aspirar. (...) Esa falta de motivación y de empuje (...) se extiende al uso de la palabra. Pasamos 45 minutos juntos, pero el peso de la conversación lo llevo yo. (...) Frases breves y entrecortadas, sobre todo monosílabos. Tengo que sacarle las respuestas con el equivalente a una llave inglesa.

(...) El Delta del Misisipi ofrece el reflejo más descarnado de la sociedad estadounidense. En otros lugares, dice, la pobreza está oculta en los guetos. “En esta parte del mundo, uno no tiene más que dar una vuelta en coche o pasear por cualquier pueblo, y se da de bruces con ella”. Igual que con la riqueza, en forma de esos casinos gigantescos que han surgido como setas en los últimos años en la parte norte del Estado, o de las mansiones palaciegas que habitan los descendientes de las viejas familias propietarias de esclavos. “Éste es el rincón más americano de la Tierra”, dice Brown. “Se pueden ver juntas todas las cosas que forman Estados Unidos. Este país es un lugar de enormes paradojas, y este rincón también. Tremenda riqueza y pobreza inmensa, los poderosos y los impotentes, una literatura maravillosa (por ejemplo, Faulkner, Tennessee Williams) y analfabetismo, una cultura magnífica (aquí nació el blues, que luego se extendió a todo el mundo) y una apatía terrible: todo a la vez”.

La segregación (...) persiste incluso en la escuela, donde los blancos han sacado a sus hijos del sistema estatal, sobre todo en las zonas rurales, y los han instalado en colegios privados, lo que en el profundo Sur se llaman “academias”. (...) Y esa segregación, a su vez, se traduce en pobreza para los que siempre fueron pobres (...).

En un segmento de la sociedad tan apagado [el de los negros y pobres del sur de EEUU], tan poco dado a la reflexión (“sin conciencia de sí mismos” (...)), tan acostumbrado a las privaciones, tan resignado a su destino, tan desvinculado de su propio futuro,... no es sorprendente que no se hagan grandes distinciones entre una condena de prisión y la cadena perpetua a la que están condenados en su vida cotidiana.


(Escribió John Carlin, publicó para España el diario El País).


PD:

- La vispera de mi vuelta, cuando todo eran rumores y antes de anunciarse la evacuación oficial de la ciudad (impresionante el folleto desplegable sobre como evacuar una ciudad (y todo un estado) editado para la ocasión), a la pregunta de por qué sí evacuar, respuesta de una pareja (joven) de Nueva Orleans: "Nos vamos por miedo no al huracán (Gustav), sino por miedo a la violencia y el vandalismo tras el huracán".

- Lástima no haber conocido a nadie de esa parte de la población (aquello llamado sociedad civil) más reivindicativa (sin duda la habrá), a tenor de lo que debieron sufrir. (Parecería que, a veces, sólo despertamos, como individuos o grupo social, después de una enorme agresión). Recuerdo la mirada de algunos comerciantes cuando te contestaban (y recordaban)).

- Recuerdo también que pensé qué sentido tenía visitar un barrio como aquel, al otro lado del océano, abandonado, pobre, deprimente y violento para hacer (algo de) voluntariado cuando seguramente ni tan siquiera sería capaz de ubicar en un mapa donde se encuentran los lugares así de mi ciudad.

- Descubro (ahora) que me equivoqué en la interpretación de (lo que supondría) este campo de trabajo: si Siria me sirvió para conocerme mejor, EEUU-NOLA me ha servido para conocer (sólo un poco) más, no mi interior, sino mi exterior: ¿cómo son (y están organizadas) nuestras sociedades?
- Hablando con un norteamericano (de Seattle, aunque vive y trabaja en Hong Kong), se muestra sorprendido de que haya escogido Nueva Orleans como lugar de mi primera visita a EEUU. A él, que ha visitado tantos lugares (de USA y del mundo) le pareción un lugar "tan triste".

- Me equivoqué en las tremendas expectativas que llevé al campo (sobre EEUU), pero ¿acaso se puede visitar (por 1a vez) USA sin esperar algo (ver posts meses atrás)?.
- Una vez más, los campos de trabajo demuestran tener una tremenda capacidad especular (como los buenos viajes).

1 comentarios:

Teresa dijo...

No fa molt, una persona que pertany a una raça històricament marginada al nostre país, em va comentar que, tot i que ara podia viure com la major part de les persones (en una casa, treballant, i tot això...), en una altra època no va ser així. I denunciava el fet que molta gent que té diners i possibilitats d'ajudar no ho feia o si ho feia ho feia fora d'Espanya (com per exemple Àfrica).

Em va insistir molt en el fet que si volia ajudar, ho fera al costat de casa, que al costat de casa hi havia molta gent que ho necessitava i que amb ben poc podia ajudar-los. Em digué que la gent que donava molts diners per ajudar en països estrangers, en el fons només volia penjar-se la medalleta, que donar molts diners no implicava ajudar (entre d'altres coses perquè la major part dels diners no hi arribava) i que la millor manera d'ajudar era implicar-se personalment, i millor si ho féiem amb la gent que trobem cada dia al carrer quan anem a treballar o a estudiar, al nostre veí...

Esta declaració em va impactar prou, em va impactar molt que una persona de tan baix nivell cultural tinguera tan clares coses tan importants. Va ser com obrir una caixa molt lletja i trobar un tresor a dins que mai no hagueres imaginat.

T'assegure que este testimoni em va arribar on m'havia d'arribar.

Deia: "Si de veres vols ajudar, pots fer-ho simplement regalant unes botes que ja no vols a aquell que hi ha baix de ta casa demanant almoina. De vegades estes coses són molt més importants del que penses."